Dentro de mis consejeros.
Dice
Diana Uribe, la historiadora colombiana, que para saber la historia primero uno
tiene que saber su historia, y para entender eso primero se debe preguntar de
donde viene su familia. Yo afortunadamente puede hacer ese ejercicio en mis
últimas conversaciones con ella.
Un
poco molesta me decía: “A usted qué le dio ahora con jorobar con eso”. En medio
de pocas expectativas me iba contado las cosas que poco a poco la habían
marcado. Recuerdo mucho cuando le pregunte que si ella era conservadora o
liberal, y con un tono y mirada sarcástica me dijo: “¿Y usted cree que yo tengo
cara de goda?”; por dentro me decía: “si señores esta rebeldía mía viene de
bien lejos”.
Qué
fortuna la mía, el poder haber entendido lo que fue su vida desde varios
aspectos. Los tesoros de las pocas historias que me contó se quedarán y
perdurarán mientras las siga contando, porque esa historia continua.
En
mis 26 años de vida 16 fueron cerca de ella, así que puedo decir que la
conozco. Se de su obsesión por guardar cosas y decir: “Algún día servirá para
algo”. Se de su sazón, el cual gracias al cielo heredó mi madre. Se de sus
continuas horas cuidando de todas sus matas, y recuerdo los momentos cuando
llegaba con otro chamizo diciendo: “Este acá pega”, refiriéndose a que iba
crecer otra mata en su jardín.
En
una época de la vida, y hasta el final, el destino le puso una tercera pata, un
bastón con el cual yo siempre la molestaba y le decía que era una M-60,
“¡Granpendejo!” me respondía. Pero fue ese paso lento pero seguro, cuando uno
la acompañaba, el que aseguraba las conversaciones llenas de gracia, chismes y
dichos, porque qué mujer para tener dichos.
Cada
vez que la visitaba no podía faltar el llamado a lista, siempre le decía:
“cuénteme los chismes de la cuadra” y entre chiste gracias le hacia ver su
vejez de manera jocosa, para que no se sintiera sola ni vieja.
¡Hola
Abuela!. ¡Qué cuento de buela!, siempre me respondía. Le tocó aprender a
hablarme por skype porque lamentablemente en su último año yo me tuve que ir a
“andareguear”. “¿Cuando vuelve mijo?, Mucho cuidado, que Dios lo bendiga”.
Hoy
desde la distancia, la recuerdo, la llevo en mi corazón, y le agradezco por
todos lo momentos vividos, enseñanzas, peleas y miles de conversaciones que
logramos tener. La sabiduría de la edad se lleva en la palabra porque: “Mas
sabe el diablo por viejo, que por Diablo”, siempre repetía.
Desde
donde este se que desde hoy hace parte de las personas que en el cielo me
protegen, me guían y me acompañan durante cada día de mi vida. Nunca me han
gustado las despedidas, es por esto que no me despido, es por eso que les hablo
y siempre cuento con mis 5 consejeros personales que nunca me dejan solo.


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